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Margay en las ramas de un árbol

Margay

El felino más arborícola de América, dotado de adaptaciones únicas para la vida en el dosel forestal.

© Anne-Marie Kalus

Ficha del Margay (Leopardus wiedii)

silueta de Margay

Peso

1–5 kg

Alzada

35-40 cm

Cuerpo

45–80 cm

Cola

30–50 cm

Estado de conservación

IUCN

NT Casi Amenazado

Argentina

VU Vulnerable

Dieta

Roedores, marsupiales arborícolas, aves, lagartos, peces y excepcionalmente pequeños monos

Hábitat

Selvas húmedas paranaenses y de yungas; siempre en marco forestal

Hábitos

Terrestre

Actividad

Nocturno / Crepuscular

Tiempo generacional

6 años

Otros nombres

gato pintado, tirica grande, gato brasilero, gato tigre grande

Tamaño y apariencia

El Margay es un felino silvestre con aspecto de pequeño Ocelote (Leopardus pardalis), pero al contrario de éste presenta el rinario negro —no rosado— y la cola proporcionalmente más larga, representando ésta aproximadamente un 40% del largo total del animal, que varía entre los 90 y los 120 cm con un peso que va de los 2 a los 5 kg.

Sus orejas son redondeadas, grandes, negras por fuera y con un lunar blanco. La coloración de fondo es más amarillenta que la del Tirica (Leopardus guttulus), con manchas que forman ocelos con bordes negros y centros parduzcos o café, más o menos alineadas en el dorso y en los flancos. Tiene el mentón y la zona periocular blancos, al igual que el vientre.

Unas de sus características morfológicas más notables son los grandes ojos saltones —que hacen parecer su hocico más estrecho— y las grandes garras, junto con su larga cola salpicada de anillos negros.

Su pelaje es denso y grueso, lo que le vale en algunas zonas el nombre de "gato peludo". El Margay no presenta un dimorfismo sexual notable.

Margay mostrando su pelaje denso y ojos saltones
© Luis Piovani

Comportamiento

Por sus grandes habilidades para moverse en el estrato arbóreo se lo ha supuesto durante mucho tiempo un felino arborícola; sin embargo existe evidencia suficiente para afirmar que sus hábitos son principalmente terrestres, aunque utiliza los árboles para descansar y, en ocasiones, cazar a sus presas.

Sus adaptaciones a la dinámica arbórea incluyen metatarsos móviles y pies grandes y acolchados. Sus pies traseros son capaces de rotar en un ángulo de 180°, lo que le permite desplegar una agilidad verdaderamente acrobática: puede descender de los árboles cabeza abajo o quedar colgado de ramas con una sola extremidad, y usar la cola como balancín para mantener estabilidad.

El Margay tiene hábitos solitarios y territoriales, con un patrón de actividad nocturno, aunque también ha sido registrado durante el día.

Entre sus principales presas, a las que caza mayormente en el suelo, se cuentan cuises, tapetíes, comadrejas, agutíes, colicortos, colilargos, murciélagos, mariposas, aves, lagartos, peces y excepcionalmente pequeños monos.

El período de gestación es de 76 a 84 días, luego de lo cual tiene 1 o 2 crías. Su capacidad reproductiva comienza a los 2 años de vida y pueden alcanzar una longevidad de hasta 22 años.

Margay desplazándose entre las ramas
© Henry Sandi Amador

Hábitat y distribución

El Margay está asociado fuertemente a selvas húmedas de la zona paranaense o de yungas, no encontrándoselo en la región chaqueña. Se lo puede hallar en zonas degradadas o antropizadas, pero siempre en el marco de un ambiente forestal. Sin embargo es menos tolerante a la modificación de su hábitat que otros felinos.

Su distribución abarca gran parte de Sudamérica, encontrándoselo desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Argentina. En nuestro país habita las provincias de Misiones, Jujuy y Salta.

El Margay se encuentra protegido dentro de los parques nacionales Iguazú (Misiones), Calilegua (Jujuy), Baritú (Salta) y El Rey (Salta) y en diversas áreas protegidas nacionales, provinciales, municipales y privadas.

Situación

Al igual que otros felinos manchados, el Margay debió padecer históricamente una gran presión de caza con fines peleteros. Aunque su comercio no es el de otras épocas, aún a mediados de la década del 90 su piel seguía siendo traficada en el mercado ilegal. También se lo ha buscado para mascotismo.

La desaparición, degradación y fragmentación de su hábitat es, al igual que en la mayoría de las especies de animales silvestres, su principal amenaza. El Margay es un felino raro en toda su área de distribución, y la presión humana, sobre todo a través de los desmontes para el uso agrícola del suelo, genera una tendencia decreciente en sus poblaciones.

El Ocelote (Leopardus pardalis), más abundante y de mayor tamaño, parece generar —ya sea por competencia de nicho ecológico o peleas interespecíficas— una presión negativa sobre sus poblaciones, factor acrecentado por la fragmentación de su hábitat.

Margay en su hábitat forestal
© Giff Beaton

Principales amenazas para la conservación de la especie

  • Destrucción y fragmentación del hábitat

    La expansión de la frontera agropecuaria, el desarrollo urbano y las forestaciones destruyen el hábitat forestal que requiere la especie.

  • Caza ilegal

    Persiste la caza ilegal para comercializar su piel y por ataques a animales de granja.

  • Tráfico para mascotismo

    El tráfico ilegal de ejemplares vivos para mascotas es otra de las amenazas que enfrenta el Margay.